Los baños turcos nacen esencialmente ligados a la religión musulmana. Adosados a la mezquita, parten del imperativo islámico de acudir, a la misma, impolutos y limpios. Es por ello que en su origen revistieron un carácter público y social, abierto al grueso de la población.

En esencia, los baños turcos parten de una idea muy sencilla. Se trata de facilitar la circulación sanguínea, la relajación y la eliminación de toxinas, mediante baños de vapor, y baños fríos.

La sensación que prevalece tras una de estas sesiones, se asemeja a la que queda cuando después de hacer algún ejercicio aeróbico (correr, nadar, andar en bicicleta) se aplica una agradable ducha fría. De esta manera, los músculos se relajan, la piel toma una consistencia aterciopelada y elástica.